Shop More Submit  Join Login
×

:iconmariakiroi: More from MariaKiroi


More from deviantART



Details

Submitted on
August 19, 2010
File Size
15.0 KB
Link
Thumb

Stats

Views
188
Favourites
1 (who?)
Comments
1
×
Título</u>: Ai shiteru Pachirisu! (Capítulo 1)
Personaje/s</u>:   (en este capítulo) Martín/Argentina y Miguel/W Falkand ó Gran Malvina, Profesor Pokémon & Enfermeras Joys
Clasificación</u>:  Apto para todo público
Advertencias</u>:  Si no te gusta el yaoi y esta pareja, no leas. No quiero críticas de esta pareja sólo porque gustas de otra. Lo hize para la gente que quiere leer, no para molestar.
Disclaimer</u>:  Los personajes corresponden a sus respectivos autores y la idea de los Gijinkas a su respectivo autor, mientras que Pokémon y todo lo relacionado le partenece a Nintendo. Yo sólo hize la historia y el trama.
Aclaración</u>:  En este mundo, los pokémons son GIJINKAS. Gijinkas son los mismos Pokémon, alterados como forma humana, con poderes como si fuesen pokémons. Y lo hize es WORDPAD y es normal que salgan palabras repetidas ó error de ortografía.

------------------------------------------

Bueno, veamos.Son las ocho de la tarde. Tengo que ir al centro Pokémon a las 13:30. De tal forma que me levantaré a las 12-

Dijo un rubio recostado ensu cama. Su habitación tenía unos hermosos colores, el techo era blanco y colgaba un ventilador del mismo color, y las luces eran tapadas por un bol de vidrio rugoso. Las demás apredes poseían un color celeste y había algunos pósters de líderes de gimnasio y entrenadores master.

-Algún día seré como ellos, y tendré que sacarlos de la pared.- Observó, mientras estaba tapado hasta la nariz. Miró hacia un costado y fijó su mirada con sus brillantes ojos verdes en la ventana, viendo su exterior. Mañana llovería, pues el cielo estaba cubierto de nubascones violetas con tonalidad de gris y hasta se sentía el olor a lluvia.

-Espero que mañana no llueva, pero igual llevaré un paragüas-

Dió una vuelta, quedándose de perfil y lentamente fue cerrando los ojos. Pero aún así su memoria no paraba de callarse debido a su emoción y ansiedad. Cumplidos ya sus once años decidió optar por ser un entrenador, un "master" para ser exacta. Pero no sabía cual elejir. ¿Podría ser Chimchar, el mono con cola de fuego? ¿O el Piplup, ese pingüino celeste? No, ambos se ven muy tiernos. Necesita un pokémon que le sirva como se debe en las batallas. Podría elejir a Turtwig, puesto que su última evolución le favorecía en las batallas. Pero al estar decidido e imaginar sus ilusiones, se quedó dormido.

A la mañana siguiente amenció con un saludo de lluvia; las gotas caían y se golpeaban suavemente contra su ventana, pero el joven no abandonaría su gran sueño. Se despertó y bajó a su cocina. Era grande y tenía detalles como ser de madera, y el lavabo tenía mármol de color trigo y blanco. Tenía una "isla" en el medio en el que estaba rodeada de cuatro sillas de patas largas y tenía un centro de mesa, con un mantel blanco y una canastilla de frutas. En la sala próxima estaba el living, que seguía después de un pasillo que empezaba desde la puerta. Era muy sofisticado y elegante. Se preparó unos mates y comió un par de bizcochos. Tenía puesto una campera con dos franjas celestes y una blanca en el medio donde brillaba un sol amarillo en el centro, unos jeans y zapatillas de cuero color blanco, con una clase de palo de Hockey negras en en él. Luego de desayunar fue en una corrida hacia el laboratorio con su paragüas cubriendolo. Cruzando la peatonal, vió una abertura. Al pasar enfrente de ella, todo fue en cámara lenta, era un pasillo oscuro en el que se alcanzaba a ver una caja, pero no se detuvo a ver cuando la visión pasó más rápido en cuanto dejó de observar el hroizonte. Siguió su camino, cuando al fin llegó, alcanzando a ver al profesor y se detuvo ante él, descargandose sobre sus piernas y luego recomponiendo su respiracion, se paró estrchamente.

-Vine por mi pokémon inicial profesor.

El hombre lo observó, bajó un poco el torso suspirando.

-Muchacho. ¿Has visto la hora de tu llegada?

Martín, como era su nombre, lo miró perpelejo. Desvió la mirada a ver un reloj que colgaba allí. Era demasiado tarde, o su reloj estaba atrasado ó era él quién corría muy lento.

-Has llegado tarde, y los entrenadores ya llevaron lo que teníamos. Vuelve mañana y temprano. ¿De acuerdo?

Él se cruzó los brazos irritado.

-Sí, entonces volveré mañana. Nos veremos luego profesor.

Salió del laboratorio y se dirigió a su casa, caminando por la misma peatonal que estaba antes.

-¡Mierda! Hubiera jurado que me desperté temprano... ¡Que molestia!- Pateó una piedra del camino y esta rebotó hasta llegar a la abertura que le llamó la atención anteriormente. La buscó y pasó enfrente del pasillo. Esta vez había algo más que le atraía. En la misma caja, se asomaba una cola grande de ardilla, color blanca y con una franja celeste pastel y tres picos, el del medio más grande que las otras dos.

-¿Eh? ¿Y eso qué es?

Se acercó lentamente, cubierto pro su paragüas, y quedó en shock cuando vió un niño, desnudo y con una hoja de arbuso tapando su débil cuerpecito y con un tenue sonrojo de fiebre en su cara.

-¡Dios mío! ¡Es un Pachirisu gijinka!

Dejó el paragüas cerca para tapar a ambos en cuanto se agachó, quitándole la hoja y se sacó su campera dejando ver una remera blanca sencilla y poniendolo sobre él, recogiendolo. Puso su mano derecha en su espalda y la izquierda debajo de sus rodillas, mientras dejaba que su perfil de la cabeza recostara en su pecho. Fue corriendo dejando el paragüas hacia el Centro Pokémon.

-Caramba... ¡Está ardiendo! Apenas lo revisen iré a buscarle un poco de ropa.

Cruzó el pasillo del Centro Pokémon y se comunicó con la Enfermera Joy más cercana. Debido a la gravedad del problema, ella actuó rápido, recostó al Pachirisu en una camilla y se lo llevaron a revisión. Martín llegó a alcanzar a una chica como ayudante y le dijo que volvería por él con ropa. Partió corriendo muy rápido hacia su casa, pero chocó contra un chico de una estatura casi un poco más bajo que él, de piel pálida, ojos marrones y cabello negro.

-¡Lo siento! Estoy muy ocupado, ¡No tengo tiempo para darle explicaciones!- Apresuró a contestarle, mientras se corría hacia un lado saliendo de la conversación. Entró a su casa, luego a su habitación. Abrió el armario y revisó entre la ropa que iba a donar, una camisa y short blanco. Lo puso dentro de una bolsa y corrió hacia allá nuevamente y dos horas y media más tarde salió las dos enfremeras con su Chansey gijinka.

-Él está bien, sólo precisa un poco de ropa y reposo- Le avisó la mayor y la más madura de su edad.

-Me alegra tales noticias, gracias enfermera Joy.

-¿Por qué lo trajo en tal estado?- Preguntó la más joven.

-Bueno, no es mío. Lo vi dentro de una caja y precisamente estaba así. Estaba enfermo asi que tuve que traerlo y no dejarlo ahí.

-Me pone feliz que decidas hacer esas cosas.

-¿Cree que lo han abandonado?- Preguntó la mayor.

-Supongo. La verdad es que tengo que hablar con él. Pero esperaré a que se despierte. Nos vemos luego señoritas.

-De acuerdo. Está en la primera habitación del segundo piso. Hasta pronto.

Las enfermeras y su Chansey gijinka se fueron, mientras que Martín siguió el camino indicado por ella, subiendo las escaleras. Se paró enfrente de la puerta de la habitación, suspiró y abrió la puerta de madera. Allí dentro había un lavabo, unos armarios del mismo material de la puerta y sin vidrios. En el centro había una cama donde se veía al niño que salvó. Dormía plácidamente y de perfil, abrazando su cola grande. Se acercó, agarrando una silla y se sentó donde dirigía la mirada. Agachó un poco, observando su rostro. Tenía tres flequillos en punta como montañas, el pelo corto y peinado hasta la nuca de color celeste y veía que dos orejas puntiagudas del mismo color del cabello. Con dos orejas humanas a los costados de su cabeza, poseía dos pelitos asomando. Respiraba y tenía la boca entre abierta.

-Caramba, se ve muy tierno.

Acercó su mano y le acarició suavemente y lentamente para no despertarlo en su cabeza, bajando hasta acaricarle la mejilla, y descubrió que tenía dos círculos amarillos, uno en cada lado.

-¿Eh? Debe ser elétrico, oh vaya... ¡Eso es bueno! ¡Puedo tenerlo yo!- Comenzó a reirse alegremente, provocando que el niño se despertara. Este lo miró atentamente, mientras Martín estaba distraído. Se asustó, empezó a soltar chispas de sus mejillas y soltó un autodescarga, eletrocutandolo. El rubio terminó en el suelo, tirado sobre la silla, mientras que el Gijinka se levantó el torso, tapandose con la sábana.

-¿Quién eres tú? ¿Dónde está mi entrenador?

-¿Eh?- Martín se levantó, mirandolo y se sentó cerca de él sobre el colchón. -¿Tienes dueño?-

-Sí, y es probable que lo hayas visto con su Gijinka Lucario. ¿Dónde está?

-¿Cómo sabré yo? Te encontré en una caja, sin ropa y enfermo.

-Ah, cierto...- Se acomodó, alzando sus piernas y abrazandolas -Unos matones se llevaron mi ropa y mi comida... Mi entrenador me dijo que espere pero nunca más regresó.

-Entonces, supuestamente te abandonó.

-¡Claro que no!- lo miró irritado -¡No es cierto, él nunca me dejaría por nada del mundo! ¡Yo soy muy importante para él! ¡Tú no lo conoces!

-Es cierto, pero no todos los seres humanos son iguales, Pachirisu. ¿Ahora que piensas hacer?

-Salir de aquí y buscarlo. ¿Qué más? No debe estar andando lejos. Ó se acordará de mí y vendrá a buscarme.

-¿Y cómo estás seguro de eso?

-Sólo lo estoy.-¿Y qué pasa si te encuentras con los matones otra vez?

-Usaré mis poderes para defenderme.

-No es bastante razonable, pero bueno. En fin, tengo un plan. Tú serás mi pokémon "inicial" y me ayudarás con los quehaceres de la casa. Por mientras, yo te ayudaré con encontrarte con tu dueño. Cuando lo encontremos, volverás con él. ¿Qué dices, eh? ¿Trato hecho?.- Presentó su mano al chico para estrecharla, mientras que el otro lo observaba algo inseguro, pero suspiró y luego estrechó su mano.

-De acuerdo, trato hecho. Por cierto ¿No tienes algo para comer? Tengo haaaaaaaaaaaaaambre- Quejó.

-Ah, seguro. La enfermera te traerá algo de comida.

-De acuerdo. Eh...- Miró sus manos y desvió la mirada con una sonrisa tímida.-¿Puedes... soltarme, o quieres otros minutos así?-

-Hay, perdón che.- Soltó ambas manos y esperó a la enfermera. Al rato volvió ella con una bandeja con un plato parecido a de los perros, de color celeste con comida Pokémon, más un vaso con Naranja exprimida.

-Aquí tienes- Él se apresuró a empezar a comer. Sus labios cada tanto llenandose de migas.

-Gracias- Contestó y agregó -Está delicioso- Ella sonrió y se fue, cerrando la puerta. El niño seguía comiendo con una sonrisa. Luego se volteó a ver al otro.

-¿Y tú, cómo te llamas?

-Mi nombre es Martín- Le contestó con una sonrisa.

-Ah, ¿Y cuántos años tienes? Pareces un chico de once con esa cara.- El rubió soltó una risa afirmativa.

-Porque, exactamente, estoy de once años.

-¿Y dónde está tu pokémon inicial?

-No alcanzé a tomar, mi reloj sonó atrasado y yo llegué cuando ya han entregado todo lo que tenían.

-Vaya, pues todos los entrenadores deberían tener un pokémon inicial.

-Suenas como si eso fuera obligatorio.

-Porque supuestamente todos <<deberían>>, los de once años, buscar su pokémon inicial.

-Lo sé, pero no todos tenemos oportunidades. Cambiemos de tema, ¿Sí? La verdad es que recién empiezo una relación contigo y ni siquiera sé tu nombre.

-Mi nombre es Pachirisu.

-Bueno, pero me refiero a tu <<mote>>

-Ah, me llamaron 'Francisco Miguel', pero puedes llamarme Miguel ó Francisco, ó como desees- Se cruzó los brazos, luego de terminar de comer desviando la mirada. Martín notó su suciedad en los labios, aun que ya se había dado cuenta. Agarró una servilleta descartable de papel, con un dedo sobre esta mientras le limpiaba.

Francisco lo miró incrédulo y sonrojado.-¿Q-q-qué haces?

-Pues, limpiarte ¿Qué crees?

-Sé limpiarme solo, Martín.

-Bueno, pero esta vez lo quiero hacer yo.- Sonrió. El Pachirisu cerró los ojos y tomando la muñeca del otro con ambas manos le apartó. Le besó la mejilla en signo de agradecimiento.

-Gracias, pero yo soy quién debería preocuparme por ti, si ahora soy tu pokémon inicial. Bueno, temporalmente- El rubio sonrió al ver la ternura del chico y como se reaccionaba.

-¿Sabés qué? No es necesario. Yo pienso que podríamos ser mejores amigos. Así nos ayudamos mutuamente.

-De acuerdo Martín. ¿Puedo participar en la batallas?

-Pero, ¿Por qué? Si sirves más para los concursos.

-Todo el mundo pienso en eso sólo por que soy tierno. Por favor Martín, realmente quiero ser tu pokémon inicial- Le tomó sus manos entre las suyas, con el torso inclinado hacia él a sólo unos labios de distancia. Martín apretó las manos al sentir su respiración tan susurrante que lo enloquecía y se echó para atrás, levemente sonrojado.

-De acuedo, te usaré en los campos de batalla.

-Pero, ¿No me reemplazarías por nada?

-¿Por qué preguntas eso?

-Digo, porque...- Él desvió la mirada sonrojado. -Es que, yo sólo quiero que me uses solamente a mí, y no atrapes a ningún pokémon... A mi siempre me gustó ser el único pokémon del equipo

-Ah, ya veo...- Martín quitó una de sus manos y le acarició la mejilla. -No te preocupes, serás el único en mi vida-

Ahora él se acercó a su cabeza, como si fuera directamente a sus labios pero le besó en la frente. El Pachirisu parpadeó sonrojado, más fuerte aún y soltando una risita tierna y dulce.

-Gracias Martín-

Alzó los brazos soltando sus manos, mientras que el rubio se apartó para ver que sucedía pero fue interrumpido cuando el niño lo abrazó, apoyando su perfil en su pecho. Él sonrió y le devolvió el abraza, acurrucandolo.

-No es por nada...- Sonrió un poco más fuerte entrecerrando un poco los ojos -..Francisco Miguel-

El peliazul sonrió y de la emoción soltó un poco de chispas de sus mejillas, haciendo electrizar el pelo de Martín, parandolo. El entrenador miró su cabello y rió. "Ya lo vamos a resolver" Pensó mientras bajaba la mirada para ver la del pequeño dormido en sus brazos. "Por él, lo voy a resolver y nunca lo dejaré". La escena era demasiado hermosa allí, pero un Lucario gijinka se asomaba en la ventana con una mano sobre el tronco y otra sobre la rama en la cual estaba arrodillado de puntillas, mirando atentamente.
Bueno, al fin termino de escribir este capítulo...
Nunca usé un Miguel Tsundere, por que en este capítulo sale algo... Así. Hahahaha.
Pero con el paso del tiempo se volverá Moe. Y MUCHO.
estás advertido Martín >>
Publiqué esto también en Facebook, pueden buscar por: Francisco Miguel Falkand Kirkland 8'D
:iconmoly-chan89:
moly-chan89 Featured By Owner Aug 20, 2010
wii ya sabes mi opinión seguíla mujer!
Reply
Add a Comment: